Bogotá, otra mañana cotidiana de otro cotidiano fin de semana en la capital. El smog, ya es parte integral de la ciudad. Los espacios verdes y la naturaleza, por el contrario, se empiezan a alejar y a perder atención e interés entre nosotros, sus habitantes. Creo que en el fondo todos sabemos que en nuestro país tenemos paisajes espectaculares, así como fauna y flora singular. Sin embargo, pocas veces sabemos apreciar y valorar éstos, en realidad muy pocas veces tenemos el impetú de salir a visitar y conocer estos santuarios. Es triste que la magia de sus montañas y de sus páramos se vea en gran parte amenazada por nuestro propio desconocimiento. Este fue uno de los motivos para emprender este viaje, conocer lo nuestro y sentirnos parte de él.
Chingaza, es uno de los parques nacionales naturales más cercano a Bogotá (a menos de dos horas), así como uno de los parques con más personal permanente, equipado con una muy buena infraestructura (incluyendo su excelente carretera), la zona de camping es una de las más modernas de suramérica, entre otras muchas bondades. Es famosa por ser dueña del recurso hídrico, el oro líquido: el agua. El parque abarca 76.600 hectáreas por los departamentos de Cundinamarca y Meta. Visto desde un mapa tiene la silueta de una mariposa, cuyas alas representan dos zonas con ecosistemas diferentes unidos por un pequeño corredor ecológico. La zona de páramo y la zona de bosques de niebla. El sistema montañoso es uno de los componentes principales del parque, ya que lo atraviesa en gran parte la coordillera oriental, los farallones de Medina en el sector oriental del parque hacen gala de esto. En un futuro en esta otra cara del parque se va a servir a la comunidad con un centro para visitantes accesible desde el municipio de Restrepo, Meta (nada oficial, sólo un chisme que nos contaron).
Antes del viaje tratamos de encontrar en Internet más o menos qué comprendía la aventura. El primer recurso que se vino a la cabeza fue la página oficial de parques nacionales naturales, para mi sorpresa debo admitir que la página fue muy informativa y contenía los datos claros y precisos de lo que se debía hacer para llegar, las actividades y la infraestructura. También encontramos otros sitios y blogs bastante informativos y con fotos espectaculares, que en realidad hacen que nazcan en uno ganas de vivirlo.
Decidimos arrancar muy temprano, a eso de las 7:30AM desde Bogotá rumbo a la Calera; entre la Calera y Guasca en el Km 1, está el típico aviso de madera con letras amarillas del PNN Chingaza donde se debe hacer el desvío, de allí al retén de Piedras Gordas son más o menos 45 minutos. Por carretera destapada, pero en muy buenas condiciones, el paisaje rural muy agradable, fincas y campo cultivado típico de los alrededores de la sábana. En el retén de Piedras Gordas, los visitantes debemos bajar del vehículo y, funcionarios del parque, muestran un video informativo acerca del parque seguido de un video de la empresa de acueducto, todo esto en una cabaña tipo Chalet Suizo. Aunque allí se puede obtener el permiso y pagar, es importante de ser posible traer el permiso desde la oficina de Parques nacionales Naturales de Bogotá, ya que para las caminatas y la zona de acampar el límite es de 30-40 personas diarias, esta recomendación es más que todo para tranquilidad y certeza que después no habrá que cambiar los planes. Vale la pena aclarar que solo es posible acampar durante Viernes, Sábados y Domingos únicamente por un sólo día. Hora mínima de ingreso 9:00AM y de salida antes de las 5:00PM. Pasando al tema económico, van los precios en pesos colombianos. Ingreso al parque: estudiantes $6.000, adultos responsables $10.000. Ingreso del vehículo $9.000. Noche de camping por persona: $10.000. Área de camping $8.000. En definitiva, como éramos cuatro el total fue de $85.000. Nada mal, dentro del rango esperado.
De Piedras Gordas a Monte Redondo, el paisaje de páramo se torna más y más natural y conservado. Varias especies de frailejones, lagunas (Laguna Seca y Laguna Verde), venados y montañas nos acompañaron por algo más de otros 45 minutos. El paisaje es realmente impactante. La carretera al final se torna un poco más complicada (hablo para carros pequeños, como en el que iba) debido a la gran cantidad de piedras, me modo que un par de veces fue preciso disminuir la velocidad con tal de no rayar el carro por abajo.
En Monte Redondo, al borde del embalse de Chuza, se encuentra el centro administrativo del parque, muy cerca también está una base de operaciones de la EAAB. En el centro administrativo del parque hay un lobby que parecía más un museo, con fósiles, cráneos, fotografías, mapas y hasta pieles de algunos animales. También había un pequeño humedal simulado en un acuario, muy didáctico.
Allí se encuentra la zona de camping. Debo admitirlo, soy el más newbie, amateur o principiante en cuanto a acampar se refiere, sin embargo quede muy impresionado por la comodidad y la infraestructura que había: parqueadero, luz, toma de corriente, asador, lavaplatos, techo, mesa y hasta baños.
Los funcionarios del parque, muy cálidos y atentos por cierto, organizan una visita guiada que incluye la explicación geológica de los orígenes del parque y una caminata por un sendero bastante interesante (sendero Suasie), por el que se recorren tres ambientes diferentes del páramo y en el punto más alto una de las mejores vistas panorámicas de el embalse de Chuza. Notamos que algunos Bogotanos van a pasar el día allí o simplemente a almorzar, más bien pocos los que acamparon ese día.
El día fue cálido, la intensa radiación solar hacen que la temperatura suba varios grados durante el día y le da una vista más bonita a todo. Durante la tarde hubo lluvias, algo muy típico e inherente del páramo, especialmente de éste. La noche fue fría, aunque despejada, las estrellas en la noche se veían en todo su esplendor, en el horizonte de la oscuridad se alcanza a visualizar la gran estela de luces de la capital colombiana. La tranquilidad y el silencio son una constante a lo largo del día, haciéndolo un lugar perfecto para descansar leyendo, pensando o meditando.
Chingaza cuenta con una gran biodiversidad de especies y endemísmos de los páramos andinos, siendo una región de gran importancia ecológica. Su fauna característica incluye el oso de anteojos, el zorro, el tigrillo, el curi, el cóndor, el águila, venados y muchas otras especies de mamíferos, aves e insectos. El avistamiento de estos animales es difícil, pero si es seguro encontrarse muy de cerca con varios venados cola blanca durante el recorrido, lo que causa una enorme exaltación y la reflexión sobre la extinción que sufren estas especies. La riqueza de la flora es inmensa, los diferentes estudios realizados estiman unas 2000 especies vegetales, de las cuales solo se tiene registro de 383, la mayoría de gran importancia dentro del ciclo hidrológico al tener la función de captadores y reguladores del agua. Durante el recorrido se identifica y analiza el pórque de la fisiología de las plantas; su porte bajo, las formas en rosetas y las hojas pequeñas que ayudan a mantener el agua y gastar menos energía. Como especies representativas se encuentran cuatro especies de frailejones, musgos, líquenes, helechos, el siete cueros, el cucharo, el encenillo, el té de Bogotá, el guarda rocio y diferentes bromélias y orquídeas.
Una gran extensión del parque, específicamente donde se encuentra el sistema Chingaza y el embalse de Chuza, pertenecen administrativamente al municipio de Fómeque, irónica y paradójicamente en este municipio NO se cuenta con el servicio de agua potable. Es cierto, puede que el gobierno municipal sea responsable en cierta parte por no haber tenido ésta en sus prioridades, pero también se siente cierto resentimiento fomequeño hacia la EAAB (Empresa de Acueducto de Bogotá) e inclusive hacia la división de Parques Naturales, obviamente cuestionando la "gratitud" de nosotros los ya casi 10'000.000 de bogotanos, principales beneficiarios del recurso hídrico. La EAAB habla del proyecto Chingaza II, pero factores como las irresponsabilidad social demostrada por esta empresa y el impacto ambiental que causaría nos hacen pensar que sería mejor que no ocurriera.
Finalmente no nos animamos a ir a la laguna de Chingaza, el principal ícono y la que le da el nombre al parque. Según una funcionaria, es la laguna más bella e impresionante haciendola su lugar favorito. Eso sin mencionar que para los primeros habitantes del parque, los indígenas Muiscas era de caracter sagrado. Aunque no hay visitas guiadas ni senderos nos dijeron que vale la pena ir. Por lo menos tenemos excusa para volver pronto.
Cada vez me doy más cuenta de lo poco que conozco mi propio país, mi propio departamento y hasta mi propia ciudad. Así que le recomiendo a quienes no hayan ido al PNN Chingaza, que lo hagan, especialmente a la gente que vive o está cerca de Bogotá, es muy cerca y fácil de ir. Puede no ser el plan más barato (ni guerrero) pero si un plan con los mejores paisajes. Les aseguro que la tranquilidad y el silencio que se vive allí es difícil de encontrar en estos tiempos, además, lo obliga a uno a reflexionar acerca de la importancia del agua y todo su ciclo natural.
Agradecimientos especiales a Laura Hernández @la1o6 por toda su colaboración.

